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Dando su última inhalada a su cigarro lanzó la coletilla sin cuidado mientras sus ojos color ámbar miraban con atención al gran cartel pegado a mitad del pasillo.
“Desaparecida” era la palabra en mayúsculas y en rojo que hacía que todo estudiante voltear y enfocara de eso a la foto en blanco y negro de una conejo enano de no más de veinte años.
“Última vez vista el jueves 18 de Marzo del 2020 a las 17:00 horas” Apenas hace dieciséis horas Melon había visto a esa estudiante en su clase de Historia Contemporánea sentada en la orilla izquierda de la tercera fila de bancos pegados a la ventana que daba una bella vista de las flores del jardín que era lo único llamativo del salón grisáceo adornado solo con un escritorio que estaba lejos de ser nuevo y un pizarrón ligeramente inclinado manchado de plumones baratos. Por lo poco que sabía, ella era muy querida por sus compañeros, en especial los carnívoros de gran tamaño algo que sin dudas llamó su atención, esa pequeña criatura podría ser devorada de un solo mordisco al ser tan confiada y hacer ciertos comportamientos que incitaban a los carnívoros a estar a su lado, como el revelar su cuello de maneras tentadoras o mantener un perfil amable aun cuando estos claramente tenían su atención en otro lado. Para fortuna o desgracia Melon había tenido una pequeña interacción con esa estudiante, fue la primera vez en que que sus instintos carnívoros parecieron florecer al ver con hambre a ese conejo enano. Era la presa perfecta.
Dichoso el que se la haya devorado…
El híbrido viró sus ojos y siguió su camino, tenía cosas más importante que atender como por ejemplo, su presunta acusación de acoso sexual hacia las estudiantes de primer semestre.
Era el quinto cigarrillo del día, esto era demasiado para él y bien lo sabía pero era la única forma de calmarse y no hacer otra escena que lo orillo a esto. Miró con ira el documento en mano, “despedido” fue la palabra clave de toda su ira que tuvo que contener desde que salió de la junta con todo el comité estudiantil. Al parecer una estudiante lo había delatado por hacer tocamientos inadecuados además de su repentina apuñalada en el muslo derecho que pudo pasar a mayores si no fuera porque otro estudiante se encontraba cerca y ayudó al maestro a llevarlo a la enfermería.
Razgo el documento intentando así descargar su frustración hacia aquella estudiante que sabía perfectamente de quién se trataba.
-¡Tu misma te lo buscaste!-Gritó con indignación. Lanzó la coletilla del auto y procedió a encender otro dando una profunda inhalada. Un zumbido proveniente de su celular lo distrajo de otra rabieta. Lo hubiera ignorado pero de todos los contactos que tenía solo uno tenía un timbre diferente por lo que reviso el dichoso mensaje.
“Te tengo una sorpresa. Llega temprano.”
Melon procesó rápidamente el mensaje, pasó sus manos por su cara como si esto ayudara a calmar la ira aun sin desahogar, apagó el cigarrillo aún sin terminar para encender el motor de su auto y se dirigió a casa sin mirar hacia atrás donde la universidad se perdía entre los demás edificios.
La casa estaba casi a oscuras de no ser por una lámpara prendida de la sala que muy apenas era visible por las gruesas cortinas. Al entrar para su dichosa “sorpresa” encontró un inquietante silencio, no había un olor en especial o una decoración como pista, nada. No fue hasta que sus ojos felinos se posaron en dos vasos con jugo sobre en la mesa de la sala, uno vacío y el otro a la mitad.
-Oh…-Sus labios se extendieron hasta una sonrisa tétrica, sin que su desesperación lo dominara camino hasta la sala para retirar el sofá de su lugar para revelar una puerta. Apenas la abrió una rafaga de adrenalina inundó su sistema, ese olor dilató sus pupilas, su pelaje se alzó al igual que su sonrisa. Bajo a paso veloz y atravesó la cortina de plástico que interfiera entre él y su dulce fantasía que se estaba llevando a cabo.
Un joven lobo de una estatura superior a la del promedio cantaba en voz baja mientras trabajaba esmeradamente sobre una masa sangrienta recostada en una mesa de metal ahora manchada de un color carmesí.
A pesar de tener puesto unos simples pantalones de mezclilla y una básica camisa blanca aquel mantel negro que tenía pequeñas manchas de sangre, tanto nuevas como viejas hacían que los sentidos sexuales poco desarrollados del híbrido bailaran. Sus músculos eran apreciados al masajear la carne sin vida, sus ojos transmitían ese dominio que solo un carnívoro puede proyectar al estar en contacto con su presa.
Que perfecta criatura…
El lobo al ver a su compañero dejó el cuchillo al lado del cadáver, con cuidado se quitó los guantes y limpio su cara con un trapo que se encontraba cerca. En lo que su pareja terminaba Melon se dio la oportunidad de ver de quien se trataba para poner tan de buenas a su lobo. Se trataba ni más ni menos que una joven conejo enano blanca, con facciones casi rozando en lo infantil, sus pequeños ojos ya eran de un color grisáceos pero Melon sabía perfectamente que fueron de un color negro tan enigmático como la noche, sería descortés el no admitir que en vida fue hermosa y claramente atractiva para muchos animales. Pobre criatura... Sus extremidades inferiores ya habían sido removidas y parte de su abdomen estaba en proceso de ser extirpado, unas líneas perfectamente marcadas desde sus clavículas hasta su pelvis formando una T, la parte favorita de Melon y que estaba seguro de que Legosi había estado esperando como un buen perro a que él llegara para continuar con la tarea.
-Llegas tarde.- El carnívoro se atrevió a besarle a pesar que su pareja no le estaba poniendo atención.
-Legosi- Empezó, sus ojos se desviaron del cadáver hacia sus ojos -¿Esta es la conejita que me mencionaste la otra vez?- Sus palabras estaban cargadas de burla, entrecerró sus ojos de placer al ver como su pareja desvió cualquier contacto visual y su cola se metió entre sus piernas.
-¿¡Haru fue tu amor de secundaria!?- Melon soltó una sonora carcajada, pero a el lobo no le dio ni una pizca de gracia. Gruesas uñas rasgaron su pelaje de sus mejillas pero el carnívoro las apartó de forma brusca y se alejó de él que seguía riéndose a carcajadas -Hombre, el mundo si que es pequeño.- Dijo entre risas, apenas cesaron tomó un suspiró tranquilo y busco a su lobo entre la oscuridad de la habitación, este se encontraba cerca del cadáver, afilando un cuchillo.
-Melon... - No parecía enojado pero su voz era firme, girándose hacia el híbrido sus brillantes ojos grisáceos lo miraron fijamente y haciendo una seña para que se acercara el híbrido lo hizo sin perder contacto visual.
-¿Me harías los honores?- Le ofreció una sonrisa con dientes al igual que el cuchillo recién afilado. No tuvo que repetirlo, Melon sin demorar ni un solo segundo más tomó el cuchillo, girando sobre sus tobillos lo clavó en el abdomen del herbívoro.
-Tuviste un día duro, ¿eh?- preguntó sin apartar la vista de cómo el abdomen del pequeño herbívoro era abierto como un libro, los dedos delgados fueron hábiles al sujetar los pliegues de la piel y clavarlos en ganchos haciendo la tarea más fácil de visualizar el color rosado pálido de sus vísceras.
-Esto se vendera bien- Murmuró Melon al pasar su dedo índice por una de las vísceras. -En realidad te luciste cachorrito…-La sonrisa del carnívoro se convirtió en una sonrisa escasa.
-Asegurate de no dañar el hígado, dan un buen dinero por el.
-¿A quien putas le gusta comer hígado?- El lobo se encojo de hombros sin perder su sonrisa. Camino a través de la habitación hasta un estante con cajas etiquetadas en donde todo tipo de cuchillos, bisturís, ganchos, cuerdas, bolsas negras y demás herramientas aguardaban, pero en vez de tomar una de sus habituales artefactos tomó un viejo radio y lo prendió, busco entre estaciones hasta sintonizar 19.33 en donde un locutor con acento inglés anunciaba con una alegría que era imposible de creer para el lobo de que fuera genuina la próxima canción. Meneando su cola al ritmo del jazz dejó el radio en el estante para sacar una bolsa negra y otro par de guantes.
-¿Quieres contarme el porqué de tu demora?-
-No.- Sus delgadas manos se lanzaron con un órgano, lo examinó por un momento pero no satisfecho por su aspecto lo desecho en el bote de basuras. -Ya no importa.
La carne junto con los órganos fueron preparados, empacados y refrigerados. Lo que cartílago, tendones y algunas vísceras que no servía para el consumo lo colocaron en una pecera con gusanos, los cubrieron con tierra y otros vegetales ya echados a perder. Esto se vendería como fertilizante. Los huesos fueron limpiados y empacados en cajas especiales, parte de ellos Melon los usaría como trofeos y otros serían vendidos con fines médicos.
Por último quedó el pelaje que solo se remojo en una mezcla especial para remover la sangre en ella, sería tratada más tarde.
Ya eran las siete de la mañana para cuando los dos limpiaron el sótano y aseguraron a la puerta. Melón envolvió sus brazos alrededor de la cintura del lobo, respirando con un gruñido entre sus omóplatos.
-Me hiciste el día cachorrito.
-Y eso que aún no termina...- Probablemente no debería haberse sorprendido cuando Melon saltó sobre él.
